¿Por qué parece que el tiempo nunca pasa cuando nos aburrimos?

Perché quando ci annoiamo il tempo sembra non trascorrere mai?

A estas alturas es seguro: no tenemos nada en la cabeza que parezca un reloj. los sentido del tiempoen cambio, lo tenemos todo bien. Pero surge en varios lugares del cerebro, y también está influenciado por las emociones, la memoria y las experiencias ya realizadas. Por eso las horas a veces parecen volar, como cuando juegas, y otras veces se vuelven interminables.

¿Por qué parece que el tiempo nunca pasa cuando nos aburrimos?

Aún no está claro cómo funciona este sentido del tiempo, pero las primeras pistas surgieron hace unos años a partir de dos curiosos experimentos.

CAER EN MOVIMIENTO LENTO

Algunos voluntarios, por ejemplo, han sido arrojado (¡desde atrás!) desde un enrejado unos cincuenta metros de altura. Evidentemente, estaban atados, pero la caída seguía siendo aterradora. En sus manos tenían un cronómetro con números que corrían muy rápido: si su tiempo interior se ralentizaba, entonces podrían leer los números. Pero nadie lo logró.

Conclusión: cuando estás en peligro, tu cerebro no funciona más rápido e el tiempo no se ralentiza en absoluto. Pero sucede otra cosa: el tiempo sme estira en nuestra memoria. La caída, es decir, a todos les pareció
más de lo que realmente fue.

BONITO Y ANTIPÁTICO

Otra prueba: un psicólogo de San Diego (Estados Unidos) puso a muchas personas en una habitación, pidiéndoles a todos que eligieran unos pocos con los que trabajar en grupo. Después de la reunión, llamó a los voluntarios uno a uno y le dijo a la mitad que no fueron elegidos por nadie, a la otra mitad que fueron elegidos por casi todos. Luego hizo que llenó un cuestionario y finalmente les pidió a los voluntarios que dijeran, según ellos, cuánto tiempo les tomó completar el cuestionario.

Conclusión: las personas “agradables” pensaban que les tomaba mucho menos tiempo compilar que las “desagradables”. Por lo que es cierto: ¡El tiempo pasa más rápido para los felices!

LA PARADOJA DE LAS VACACIONES

A menudo sucede que unas vacaciones divertidas, pasadas con amigos, parecen demasiado cortas … sin embargo, al regresar a casa, también sentimos que hemos estado fuera durante mucho tiempo. El psicólogo americano Claudia Hammond el lo llama “La paradoja de la fiesta” y la explicación es que toda experiencia intensa aparece en nuestro cerebro demasiado rápido mientras se produce (porque nos gustaría que no terminara), pero luego se queda en la memoria como más larga que la realidad, precisamente porque era importante para nosotros.

Conclusión: en nuestro cerebro coexisten dos tipos de tiempo, ese de experiencia y el de memoria. Que no siempre coinciden.

RITMOS NATURALES

Por tanto, está claro que las emociones influyen en el tiempo que pasa. Pero, ¿nuestro “reloj interno” sería preciso al eliminar las emociones? No tan.

Hace años el italiano Maurizio Montalbini, sociólogo y entusiasta de espeleología (exploración de cuevas), pasó más de un año encerrado en una cueva profunda, en soledad total, para entender si nuestro cuerpo mantiene el ritmo día-noche incluso en ausencia del sol. Descubrió que este no es el caso.

Su “día”, de hecho, estirado hasta 36 horas. En resumen, es solo la alternancia de la noche y el día lo que nos hace ir a la cama después de 12-16 horas de estar despiertos, pero para nuestro cuerpo un ritmo diferente sería más instintivo.

HORA DE CASA

Leonardo da Vinci, por ejemplo, estaba convencido de que lo ideal era permitirse unos breves períodos de sueño durante el día. Pero si todos hicieran esto, nunca se podría organizar nada porque siempre habría alguien durmiendo (a veces en el aula puede suceder, pero esto no tiene nada que ver con eso).

Allí medida de tiempode hecho, es de enorme importancia para la sociedad. El sociólogo Giovanni Gasperini Sostiene que desde la antigüedad el hombre ha tratado de “domesticar el tiempo”. Primero lo hizo con calendarios y relojes de sol, luego con campanas, que marcaron la vida del pueblo en la Edad Media, y finalmente con relojes mecánicos.

La penúltima revolución tuvo lugar en París en 1912, cuando las naciones acordaron fijar tiempos iguales para todos: así el señal de tiempo, primera emisión desde la Torre Eiffel en París el 1 de julio de 1913.

¡NO HAY TIEMPO!

La última revolución es la de Internet, que ha eliminado el tiempo de inactividad: puede conectarse a Internet en cualquier momento para enviar mensajes de texto a sus amigos, jugar o conocer los últimos eventos. Curiosamente, esto ha empeorado las cosas: tenemos tantas posibilidades que el tiempo nunca es suficiente.

Y, sin embargo, en el siglo XIX un trabajador trabajaba unas 4.000 horas al año, hoy solo 1.600-1.700. Y ningún niño se ve obligado a dejar la escuela para ayudar a la familia. En resumen, nunca hemos tenido tanto tiempo libre como hoy y, sin embargo, ¡nunca sentimos que tuviéramos menos!

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